En principio el Taekwon-Do está compuesto por un ciclo de composición que implica una especie círculo donde siempre se vuelve al principio.
Brevemente: 1) entrenamiento de movimientos fundamentales, que son técnicas básicas que enseñan el método y desarrollan la precisión de la técnica. El cómo nos movemos nos enseñará a entender cómo somos. 2) Formas, perfeccionan y encadenan las técnicas. Si los movimientos fundamentales son las letras, las formas son frases o poemas que aprendemos de memoria. Servirá como una enciclopedia de nuestro conocimiento marcial. 3) Práctica con accesorios permite otro tipo de manejo de las técnicas, adaptándola a un foco, fortaleciendo el cuerpo y las armas naturales; 4) En ejercicios de combate, o frente a frente, se busca implementar los conocimientos para plasmarlos en una situación que simula la realidad. Desarrolla el respeto, la consideración, el coraje y el autocontrol. Por último, en la defensa personal el trabajo apunta a ser pragmático para resolver un problema real.
Es imposible separar estas fases, ya que todas componen un ciclo, donde cada una de ellas es imprescindible para el desarrollo de la otra.
Estudiar un arte marcial incluye, para nuestra manera de entenderlo, estudiar un método efectivo de combate, sin desconectarnos con la parte artística en su sentido zen, de una entrega total sin esperar nada a cambio. Sin embargo, en la entrega siempre hay retorno. Por esta razón preferimos practicar bajo un método tradicional en su sentido más profundo, distanciándonos de la occidentalización que reina en tantas las artes marciales en occidente.
Con esta práctica el estudiante desarrolla su cuerpo, recupera flexibilidad y endurece las herramientas de ataque y defensa, para obtener máximo poder y, potencialmente, provocar el mayor daño sin lastimarse a sí mismo. La coordinación, la velocidad, el equilibrio y, en definitiva, la salud, serán frutos que se obtendrán mediante la práctica.
Simultáneamente mientras el cuerpo se adapta y las técnicas se transforman en reflejos la mente también va cambiando trasladando el comportamiento fuera del espacio de práctica templando el carácter del practicante en sus actividades diarias.
El “Do” es un camino en el sentido de una eterna búsqueda de autosuperación, desarrollo y desafío personal.